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  • Publicado 19 Nov 2017

LOS ENGAÑOS DE LAS ETT HOLANDESAS

¿Eres joven y te obligan a elegir sobre tu futuro demasiado pronto? ¿Has terminado los estudios, pero no tienes claro qué es lo que quieres hacer con tu vida? ¿En España no encuentras trabajo? Estas cuestiones se plantean muchos jóvenes, y por eso y muchos motivos más, una parte de ellos optan por tomarse un tiempo sabático en sus vidas e irse una temporada a otro país a trabajar. Así es como nuestros protagonistas fueron captados por las ETT’S holandesas.

Hemos entrevistado a cuatro de ellos, Gerard, Julia, Sandra y María, para que nos contaran cómo ha sido su experiencia en el país, cómo se sienten y cómo funciona el negocio de estas compañías.

Dar con ellas es muy sencillo: una búsqueda en Internet, dos clics y rápidamente encontramos sus anuncios en portales web y aplicaciones móvil de búsqueda de trabajo. Muchos de ellos son bien conocidos: Infojobs, JobToday, StudentJob son solo algunos de los que alojan anuncios de estas empresas de trabajo temporal. “Vive una experiencia única”, “una gran oportunidad” entre otros, son los eslóganes que podemos encontrar en las webs de dichas empresas, con bonitos diseños y presentaciones que incitan a la confianza ciega en ellos.

“Decidí irme de forma precipitada. Estaba estudiando, pero no me sentía a gusto. Los profesores se pasaban un poco conmigo, así que empecé a buscar trabajo. Vi una oferta que decía que necesitaban gente para trabajar en Holanda sin ningún tipo de cualificación y sin saber holandés, solo teniendo una base de inglés. Decidí echar solicitud pensando que no me iban a coger. Sonaba al típico bulo, oferta trampa en la que te quieren sacar dinero. Nunca había salido de España y tenía ganas de cambiar de aires” nos cuenta Julia, de Alcalá de Henares. “Me llamaron al poco tiempo, me explicaron las condiciones y me parecieron bien. Solo tenían que hacerme una prueba de inglés por teléfono. Mi nivel no era muy alto. La pasé. Luego tuve que hacer un montón de papeleo” explica.

Sin embargo, no es oro todo lo que reluce, ya que muchos de estos jóvenes se han encontrado con situaciones desagradables e inesperadas que para nada eran las prometidas en las páginas web.

“Llegué un domingo a Róterdam y me vino a buscar un conductor que no hablaba ni siquiera inglés y me llevó a la oficina de T&S, una de las ETT’S, para firmar el contrato. Después me llevaron con más gente en una furgoneta al camping donde nos alojaríamos” cuenta Gerard, de Barcelona. “Eso no era un camping, era un gueto. A los que estábamos allí nos veían como la purria del país, como si los locales entraran al camping y fuéramos a matarlos”. “Me dejaron allí y no tenía ni puñetera idea de qué hacer. El sitio estaba lleno de decenas de bungalós. Nadie me había dicho dónde vivía. Unos polacos me dijeron que un chico estaba haciendo las maletas para irse y que aprovechara para quedarme su bungaló. ‘Empezamos bien, en plan ocupa’ pensé”.

“Al siguiente día me tocaba hacer un tour de visita por la empresa. Los coordinadores nos preguntaron acerca del tiempo que pensábamos quedarnos. Había firmado un contrato de un mes así que, sorprendido, les respondí eso. Entonces la coordinadora me dijo que me despedía, sin previo aviso, porque preferían a gente que estuviera mínimo 6 meses. Había cogido coches compartidos, autobuses, había hecho autoestop durante dos días, había dormido en el aeropuerto y luego hecho de okupa, para llegar a la empresa y que me despidieran al momento. Estaba flipando. Me sentí profundamente estafado.

Por suerte tenía 32 horas a la semana aseguradas que me pagaban con el mínimo legal a los 18 años, 4€ la hora. Ni en España es tan precario.”

“Del dinero que estás cobrando, te descuentan el alojamiento (que en Holanda es carísimo) y el seguro médico” dice Julia. Nos cuenta que el problema viene en el momento en que no te llaman para trabajar. Si no tienen demanda de las empresas con las que trabajan, puedes estar mucho tiempo sin cobrar. Esto genera que algunas nóminas a final de mes sean negativas.

“Me estuve quejando sobre por qué no me daban trabajo (..) al cabo de unos días me llamó una señorita de la ETT T&S llamada Indira para ofrecerme un trabajo. No me fiaba, así que le dije que no iría a trabajar a ningún sitio sin contrato. Ella me dijo que por supuesto, que fuera a la oficina a firmarlo. No teníamos transporte ninguno porque la empresa tampoco nos daba acceso a los coches, los cuales pagábamos. Me dijo ‘si quieres trabajar hoy tienes que estar en 3 minutos en la puerta para aprovechar que te lleve un coche a punto de salir con otros trabajadores’. Eran las 8 de la mañana de mi día libre y necesitaba más de 3 minutos para llegar allí. Se lo dije y me contestó que era una guarra y que cómo podía estar a esas horas de la mañana sin estar duchada ni arreglada. Que debía estar disponible para la empresa las 24 horas de los 7 días de la semana. Me sentí muy ofendida y la amenacé con una denuncia. El mal trato por parte de los coordinadores es constante”.

“Este tipo de empresas tienen a tantos trabajadores en plantilla que les da igual uno que otro. Eso hace que nos amenacen con echarnos y dejarnos tirados con las maletas en la calle a la mínima que nos quejamos” dice Sandra. “Para ellos somos máquinas, y si una máquina falla la sustituyen rápidamente”.

El conflicto de Julia siguió: “Después de que me quisieran dar un trabajo sin contrato, conseguí que alguien normal me llevara a la oficina. Firmé el contrato y no paraban de llamarme para ofrecerme trabajos. Era la misma chica. Me decían: ‘En unas horas te llamo para comentarte a la hora que tienes que estar en el sitio, pedirte el número de DNI…’ y luego nunca volvían a llamar. Esos trabajos no existían. Así estuve bastantes semanas. Con T&S he estado 6 meses y de esos, 2 y medio sin trabajo. La primera vez me estaba, literalmente, muriendo de hambre. No tenía dinero para comer. Llegué a tener que llamar a mis padres

desde Holanda pidiéndoles por favor que me mandaran dinero, que no tenía para comer. A mis 24 años. Imagínate qué vergüenza”.*

María, de Madrid, nos cuenta: “En una de las empresas que estuve convivíamos en una residencia 300 personas compartiendo baño y cocina. Imagina, 300 personas en un sitio enorme donde nadie limpia. No quería ni ir a mear por miedo a lo que me podría encontrar en el baño. Una vez vino una inspección del gobierno, aproveché para preguntar si eso era normal, si era legal, y me dijo que el responsable de todo eso seguramente iría a la cárcel si le pillaran y que el contrato que tenía no era vigente en ningún sitio, no tenía valor ni tenía nada.”

“T&S lo tiene muy bien montado: tiene los alquileres de las casas subcontratados a otra empresa llamada Logation. Entonces, si tienes alguna queja sobre la vivienda, no les puedes decir nada, tienes que acudir a los otros que no tienen ni número de teléfono, solo un email al cual nunca he visto que contesten. A veces pasan técnicos por el camping para solucionar cosas, pero cuando les pides que te arreglen algo te prometen que vendrán, pero nunca lo hacen” dice Gerard.

“Solo me habían dado las llaves de una de las casas en las que he estado. De noche tenía que entrar por la ventana. En una ocasión me encontré un desconocido durmiendo en mi cama. Estaba alucinando. Me enseñó unos papeles firmados que lo autorizaban, de uno de los coordinadores de T&S, Marco. No me fie porque ese coordinador siempre estaba de fiesta y encocainado.” “La cosa es que intentan sacarte dinero de donde sea: del transporte, del caro alojamiento del que luego no disfrutas, de los adelantos semanales que no cumplen…

Lo más triste, comentan los testigos, es vivir el racismo que hay en esos ambientes. Primero están los holandeses, luego los polacos y al final de la cola los españoles. “Somos como los negros en España, dice Sandra. “Son una maldita secta. A los trabajadores los tratan como robots. No podía soportar ver a mujeres de 60 y 70 años haciendo trabajos en cadena en una fábrica con un ambiente frío y ruidoso de las máquinas. A esa edad no lo soportaría, deberían estar en casa, con su gato, tejiendo y disfrutando la jubilación”.

En conclusión, a la hora de emigrar a otro país hay que tener los ojos bien abiertos y documentarse antes de firmar nada para evitar posibles engaños. A pesar de las desventuras sucedidas, los jóvenes entrevistados siguen recomendando la experiencia de marcharse fuera a trabajar, ya que “pasándolas canutas también aprendes”.

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